Hace años, escribí en mi cuenta de Facebook unas palabras que me salían directamente del corazón. Por aquel entonces trabajaba en una peluquería, llevaba solo un año y ya sufría algún problema en la piel y me asaltaban algunas dudas. Pero tenía una certeza absoluta: esta profesión es mi vocación desde que tengo uso de razón.
Hoy, 15 años después de aquel post, no he podido evitar emocionarme al leerlo de nuevo.

¿Por qué sigo queriendo ser peluquera?
De pequeña, cuando aún no sabía ni escribir bien, tenía una cajita de madera en la que escribí con cera azul "Caja de peluqeria". En ella iba metiendo todo lo que encontraba para hacerme mi propio "maletín": pinzas de muñecas, coleteros, un peine de mi madre, un par de rulos que le cogí a mi abuela, una redecilla que ella misma me dio cuando vio lo que me gustaba jugar a ser peluquera...
Tenía una muñeca que estaba diseñada para que la peinases, pero además hablaba (¡en aquellos tiempos eso era muchísimo!). Recuerdo perfectamente su peine rosa, su vestido y su pelo rubio. Y recordaré siempre la frase que decía cuando la peinabas muy fuerte: "Si me peinas ten cuidado, mi pelo es delicado. Qué tirones, despacito, un poco de cuidadito. ¡Ay, qué enredos!"
Me encantaba jugar con ella, pero lo que realmente me apasionaba era peinar melenas de verdad.
Cada vez que mi abuela venía a verme, la sentaba y empezaba a ponerle pinzas por el pelo, a peinarla de mil maneras. Tanto ella como mi madre se dejaban hacer. A la mayoría de gente le encanta que le toquen la cabeza, y solo por eso, dejaban que jugase con ellas. Lo que no sabían era que yo no estaba jugando...
Muchas niñas se divierten con eso. Pero yo sabía que había algo más. Sabía que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida. Y aquella niña creció... y decidió que estudiaría peluquería.
A pesar de que me insistieron para que hiciese "algo más", en mi cabeza no había otra opción. Con 15 años ya estaba estudiando peluquería. Entonces, fue mi hermana la que tuvo que "sufrir" mis experimentos, porque además de trenzas y peinados también probó la tijera... Y entonces, a los 17 comencé a trabajar. Recuerdo perfectamente que el contrato tuvo que firmarlo mi madre. Empecé con muchos nervios y con mucho miedo, pero pronto conocí gente maravillosa.
Y descubrí que aquello me llenaba de verdad, que me gustaba aún más de lo que imaginaba.
Y aquella adolescente que escribió aquellas palabras, que soñaba con aprender cada día, tiene hoy su propia peluquería, y la suerte de contar con la confianza de clientas que ya son como de la familia.
Lo que cambió
Mirar atrás y ver todo lo que ha pasado desde entonces es increíble. La niña de la caja de peluquería y la muñeca, hoy es una profesional con 16 años de experiencia que:
- Lidera su propio salón y sus propios proyectos.
- Ha superado los inicios en plena crisis, sin saber qué iba a pasar.
- Forma parte de la directiva de AGRESTAC, ayudando a unir al gremio y llegando a impartir alguna formación.
- Ha sobrevivido a una pandemia mundial en la que el sector fue de los más perjudicados.
- Se sigue formando cada año sin falta, porque el aprendizaje no termina nunca.
- Ha viajado a Berlín, invitada como finalista en un concurso internacional de peluquería.
- Organiza y participa en eventos solidarios para ayudar a quienes lo necesitan.
He tenido que hacer un repaso de todos mis logros, porque en el día a día, a veces se nos olvidan, y de vez en cuando está bien mirar atrás y ver lo que has conseguido. Y escrito así, en tercera persona, aún me parece mentira...
Porque ni la niña ni la adolescente, se imaginaron JAMÁS nada de eso.
Peinar vidas, compartir momentos y ver crecer generaciones
Sin embargo, más allá de los logros profesionales, lo más valioso de estos 15 años no cabe en un currículum: está en las personas que os sentáis en mi sillón.
A lo largo de este tiempo me habéis permitido formar parte de los momentos más importantes de vuestras vidas. He tenido el honor de peinaros para vuestra comunión, vuestra graduación o el día de vuestra boda. He vivido con vosotros los nervios de los exámenes, de las oposiciones, del primer día de trabajo...
He peinado a alguna chica para su primera cita con ese chico especial... y años después he tenido el privilegio de cortarle el pelo a su bebé, siendo testigo de que todo fue sobre ruedas. He estado ahí en los momentos de alegría, pero también en las rupturas, los momentos difíciles y los grandes cambios de vida donde un nuevo corte de pelo significaba empezar de cero.
He visto a niños pequeños que hoy van al instituto, y a adolescentes que se marcharon a la universidad y que, aun viviendo fuera, esperan a volver a Talavera para seguir arreglándose el pelo conmigo.
He visto a señoras mayores salir con una sonrisa cuando su marido llega a recogerla y le dice lo guapísima que está. A gente con problemas de verdad, a la que simplemente verse arreglada le devuelve la alegría por un instante.
15 años después, mantengo cada palabra
Tener hoy una clientela fiel que es casi como una familia y saber que confiáis en mis manos para vuestros momentos más especiales es la prueba de que no me equivoqué de camino. La peluquería exige mucho, pero regala momentos únicos que hacen que todo valga la pena.
Aquella publicación de 2011 decía que este trabajo te regala una sensación única que hace que olvides todo lo demás. Hoy, 15 años después de aquel post, desde mi propia peluquería y con la misma ilusión del primer día, sigo firmando cada una de esas palabras.
¡Gracias de corazón a todas y cada una de las personas que hacéis posible que este sueño siga más vivo que nunca!